Sabbatella llegó puntual a las 11:30, esperó veinte minutos y fue recibido por un apoderado; puertas adentro fue “sólo un trámite”, aunque en la calle se evidenciaba el nerviosismo
Por Juan Pablo De Santis
Sabbatella llegó puntual a las 11:30, esperó veinte minutos y fue recibido por un apoderado; puertas adentro fue “sólo un trámite”, aunque en la calle se evidenciaba el nerviosismo