La Corte Suprema le brindó ayer un invalorable servicio político al Gobierno. Su fallo sobre la constitucionalidad de la ley de medios, aunque tal vez de modo circunstancial, arrancó al oficialismo del fango y del mareo en que había quedado sumido luego de la paliza que sufrió en las legislativas del domingo. Desplazó con claridad también el eje del escenario político dominado ahora por la heterogénea oposición.Por Eduardo Van Der Koy