Carlos Zannini lloró por él mismo cuando se quebró ante los senadores el jueves pasado. Estaba hablando del acuerdo con Repsol, exitoso para él, pero en su cabeza y en su espíritu pesaba más el caso del juez Oyarbide . O su propio caso, porque desde sus oficinas, las de la Secretaría de Legal y Técnica de la Presidencia, se hicieron gestiones para frenar un extraño allanamiento a una financiera.Por Joaquín Morales Solá