Calló algunas cosas y dijo otras sin decirlas. Fue un discurso oblicuo , con más nostalgia que ilusión, que dejó rastros inconfundibles de cierta conciencia de la debilidad política. No fue la Cristina Kirchner de arengas en llamas ni tampoco una presidenta obcecada con un enemigo determinado .Por Joaquín Morales Solá