En 1982, nadie podría decir que las cosas estaban muy en orden, tambaleaba la Junta Militar en el gobierno, el sindicalismo pensaba que ya era hora de romper “los pacos” con los militares, el gobierno intentaba afirmarse de cualquier manera, y la economía se iba al diablo en cualquier momento, casi considerando al diablo como un “buen destino”.Por Gustavo Gorriz