Durante años hubo que optar entre callarse la boca, porque hablar del tema equivalia a una especie de traición al pueblo, o negarle importancia a sus dichos y hechos. ¿Para que hacerlo, se alegaba, si Hebe de Bonafini es sólo una señora mayor que carece de relevancia politica? Por eso, cada vez que su nombre y el de su grupo aparecian al tope de la agenda, sistematicamente funcionaba el menoscabo. Que no conoce bien los temas y su cultura es muy precaria, se argumentaba. Por Pepe Eliaschev