La entidad crediticia debía chequear todo el proceso de contratación pero, según el organismo de control, accedió a pedidos de “no objeción” que le hizo la Secretaría de Transporte vía mail y sin firma oficial. En uno de esos correos, se solicitó la aprobación de un presupuesto de 10,5 millones de dólares, que duplicaba los cálculos iniciales sin justificación. Y el Banco Mundial no objetó.