El flaco de anteojos caminaba por la vereda impar de la avenida Quintana. Tenía un aire triste y circunspecto, y llevaba bajo el brazo su crónica recién escrita. Debía enviarla a Europa lo antes posible; en su país la Guerra de Malvinas era seguida minuto a minuto, con pavor y expectación.Por Jorge Fernández Díaz