El gobierno prefirió incrementar la tensión a concederle a Moyano algo a lo que ya está resignado: modificar la aplicación del impuesto al salario. La tensión dañó al oficialismo, que se mostró incoherente, conspirativo y débil. La crisis fiscal (y la voracidad de la caja central) se proyecta en el horizonte sumada al paisaje de alta inflación, al aislamiento, a las fisuras que sufre la coalición oficialista, a la pérdida de instrumentos de disciplinamiento que el gobierno empleó en otros momentos y a un agravamiento de los conflictos.Por Jorge Raventos