Todo tiene un límite y cuando se llega al insulto, se debe reaccionar. El insulto duele, humilla, injuria, indigna, degrada, ofende, desacredita, se hace intolerable. Hemos llegado a ese punto y no lo debemos permitir.Los insultos son diarios y casi diría que permanentes. El gobierno cree que los que vivimos en Argentina somos tontos, fáciles de engatusar y que somos capaces de comer vidrio. La triste realidad es que lo hacemos.Por Malú Kikuchi