Estamos ya hartos del discurso monocorde, del autobombo soez, de la arrogancia ante el fracaso, de la vagancia y corrupción como ejemplo, y de que quien tiene a su cargo la más alta responsabilidad en la conducción de los destinos del país le hable a un coro de adulones adormecidos por el relato que podrían ovacionar hasta su propia sentencia de muerte. Por Ernesto Bobek Cáceres