Dominado por el pánico, el cristinismo y todos sus parasitarios satélites necesitan desesperadamente una cabeza visible a quien responsabilizar como instigador de la movilización del 8N. Así como el ladrón piensa que son todos de su misma condición, su limitado margen de raciocinio no logra entender cómo llega tanta gente a manifestarse sin que se la transporte, sin que se le pague la “changa”.Por Ernesto Bobek Cáceres