Cristina Kirchner deberá producir un milagro en su visita a Roma y a París: que sus interlocutores presten atención a su agenda amarillenta, en un momento en que sólo tienen oídos para la tormenta de Crimea.Por Carlos Pagni
Cristina Kirchner deberá producir un milagro en su visita a Roma y a París: que sus interlocutores presten atención a su agenda amarillenta, en un momento en que sólo tienen oídos para la tormenta de Crimea.Por Carlos Pagni