Hace rato que el Club de los Malos no organiza una reunión de Altos Mandos. Es una buena señal: cuando a los Malos no se los escucha hablar, es cuando más hay que temerles. De hecho, el CDLM se encamina a cerrar uno de sus mejores semestres en la famosa década ganada. Ganada obviamente para nosotros, que extendimos el desastre cual manto otoñal que vuela y cae flameante como una sábana de hilos egipcios sobre los resignados Corderitos de Dios.Por Alejandro Borensztein