En 1989, algunos meses antes de lo previsto constitucionalmente, el radical Raúl Alfonsín le entregó los atributos del mando presidencial a un político del peronismo, democráticamente elegido: Carlos Menem. Diez años más tarde, al concluir puntualmente su segundo período de gestión, Menem traspasó aquellos atributos al nuevo presidente electo, hombre de la Alianza opositora, Fernando De la Rúa.