El discurso que Cristina Kirchner dirigió ayer a la Asamblea Legislativa fue una magnífica ventana desde la cual observar su concepción de la vida pública. Su característica sobresaliente fue la dificultad para proyectar un futuro. Cada diagnóstico estuvo inspirado en una rivalidad ocasional. Y cada reforma aspira, antes que a remodelar la realidad con la guía de un programa conceptual, a implementar una venganza.Por Carlos Pagni