“Resulta harto difícil determinar por dónde pasa la frontera entre una verdadera soberanía, capaz de subyugarlo todo, de crear un mundo o destruirlo, una soberanía viva, grande, aunque a veces sea terrible, y la apariencia del poder, la pantomima vacía de su ejercicio, cuando un monarca se convierte en mero espectador de sí mismo, cuando sólo juega el papel de rey, pendiente únicamente de su actuación, sin ver ni oír lo que sucede a su alrededor.