La repentina ansiedad empuja al Gobierno a hablar de lo que sucederá en 2016 más que de los graves problemas actuales. Los balances que hace, sin que se los pidan, son apresurados y parciales. Una política oficial encerrada, cargada a veces de palabras violentas, cohabita con una economía peor de lo que era, por ejemplo, hace nueve años. Una sociedad dramáticamente desordenada sobrevive condicionada por un virtual estado anárquico en el espacio público y por el apogeo del crimen. Nunca, en más de 30 años de democracia, se echó tanto de menos a la política como en el sexenio de poder de Cristina Kirchner.Por Joaquín Morales Solá