Digan lo que digan los loros y los caranchos que le hacen la Corte, a la Calandria se la ve deteriorada. Anda apretada entre pastillas hormonales y dieta estricta que le revientan los nervios. Porque, así como al Pingüino no lo conmovía demasiado ser “flaco pero barrigón”, a la Calandria la silueta la pone mal. Por Hugo Esteva