Si hubiera forma de medir la adrenalina que segregan los argentinos, seguramente los niveles más altos se registrarían los domingos, a partir de las diez de la noche. En ese horario es cuando aparece en pantalla un sujeto voluminoso, de barba incipiente, mal hablado y con cejas mefistofélicas. Por Ramy Wurgaft (corresponsal) | Buenos Aires