Hay silencios que resultan más perturbadores que un desgarrador alarido. Es la sensación que produce el mutismo de quienes nos gobiernan ante los impopulares desastres que van apareciendo sin dar respiro y culminaran con 51 muertos y más de 700 heridos en un ferricidio que no tuvo nada de accidental.Por Ernesto Bobek Cáceres