La familia Ciccone rompió su silencio. Y lo hizo, dos años después de que estallara el escándalo, para acusar al vicepresidente Amado Boudou de actuar de una manera “bestial” y “deleznable”, y recordarle que como dueños de la imprenta gráfica más importante del país los “forzaron a vender” sus acciones, por las que aún hoy no cobraron “ni un solo peso”.Por Hugo Alconada Mon