Es sabido: todo hincha futbolero ama a su club casi por sobre todas las cosas. Y es lógico: uno ha mamado el amor por esa camiseta; ha tenido banderines en su pieza; ha sufrido y gozado (en ese orden) los mas diversos resultados a lo largo de innumerables campeonatos; ha sido campeón y ha gritado hasta quedarse mudo los goles, las atajadas, los triunfos. Uno ha compartido gritos y coros con la hinchada. En el tablón, en el cemento, por la radio, por la tele, uno ha vivido emociones fuertes, inolvidables.Por Mempo Giardinelli