”Yo no voy a ser María Julia; conmigo me llevo a varios”, le dijo Boudou a un amigo, días atrás. Con ese espíritu llega hoy a la indagatoria. La posibilidad de que, acorralado, dispare acusaciones a 360 grados tenía anoche en vilo a muchos protagonistas del caso Ciccone. Está inquieto el juez Lijo, a quien Boudou prometió acusar de complicidad con varios empresarios. También esos empresarios, antiguos compinches de quien ahora busca compañía en la ruta hacia el cadalso.Está alarmada Cristina Kirchner, temerosa de que su iracundo favorito lance “fuego amigo” contra el propio elenco de poder. Hasta los abogados de Boudou temen el roce de alguna esquirla del cliente.Por Carlos Pagni