Cuando se miente sostenida y desfachatadamente durante largo tiempo se corren serios riesgos. Paradójicamente el mayor peligro es que quien echó a rodar la mentira compre su propio engendro y hasta casi se lo crea. Trasladado al plano político, los interesados aplaudidores y adulones que viven de la mentira que deriva del jefe/jefa, no dudarán en apoyar en forma incondicional el dislate mayor que se pueda disparar. Por Ernesto Bobek Cáceres