Al oficialismo le cuesta simular que las masivas demostraciones de protesta del 8 de noviembre no lo han afectado. El esfuerzo, por caso, de la Presidente por aparentar ignorarlas está cargado de elocuencia: ella no mencionó las protestas y hasta evocó, para eclipsarlas, los sin duda importantes pero exóticos cambios en la cúpula del comunismo chino. Fatalmente, el silencio destaca lo innombrado.Por Jorge Raventos