Con los habituales reflejos tardíos para las malas noticias, el Gobierno se notificó en la última semana de que no tiene más vida que los dos años por venir. Fue un reconocimiento incómodo, que llevó a la Presidenta a la cumbre de la furia. Lo supo: ni ella ni ningún delfín consentido tienen futuro. Cristina buscó a los culpables. Los empresarios. Los medios periodísticos independientes. Una sociedad equivocada. ¿Y Scioli? Scioli es el que pregonó la noticia entre propios y extraños.Por Joaquín Morales Solá