“La autoridad real es absoluta. Los súbditos deben al príncipe entera obediencia. Si el príncipe se conduce mal, no hay fuerza ninguna capaz de obligarle, los súbditos no deben oponer más que respetuosas advertencias”*. 

Desde antes de las elecciones que abrieron el camino al tercer mandato K  la dinámica del oficialismo ha ido adquiriendo un ritmo vertiginoso y contradictorio.Por Jorge Raventos