José Guillermo Capdevila se convirtió ayer en un exiliado de la democracia . La descripción parece un oxímoron. Ninguna democracia debería condenar a nadie al exilio. El caso de Amado Boudou alcanzó, con esa novedad, un nuevo y más grande tamaño. La decisión de Capdevila tiene tanta relevancia simbólica como la resolución de la Cámara de Casación, el jueves último, que ordenó a la Justicia continuar con la investigación del vicepresidente por gestiones incompatibles con la función pública en la compraventa de la empresa Ciccone.Por Joaquín Morales Solá