
Fue un llamado del propio Juan Guaidó a Mauricio Macri después de las elecciones primarias el que motivó al Gobierno a participar con otros once países en la activación del Tratado
Interamericano de Asistencia Recíproca (el TIAR). Este instrumento de presión por parte de Washington, creado en 1947 y con acciones durante la Guerra Fría, comenzó a debatir desde sanciones al uso de la fuerza militar en Venezuela.
Se decidió el miércoles y seguirá con una reunión de cancilleres en la semana en que se encuentren los líderes mundiales durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, donde el presidente argentino dará su discurso el martes 24.

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En consulta de Clarín sobre quién había tomado la decisión de integrarse a la activación del TIAR, desde el Gobierno afirmaron que esta se tomó al máximo nivel, entre Presidencia y Cancillería. De hecho, será el ministro Jorge Faurie quien participe en la reunión en Nueva York, que por ahora está en planes. Sin embargo, aseguraron que Argentina se pronunció en contra del uso de la fuerza contra el país caribeño como método para derrocar al régimen de Nicolás Maduro.
En el discurso que debió transmitir el equipo de Paula Bertol -representante argentina ante la OEA- durante la reunión del TIAR de esta semana en Washington, el Gobierno transmitió que la posición oficial es la de “exclusión de medidas que impliquen el empleo de la fuerza armada del abanico de opciones previsto en el artículo 8 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca”.
Estas medidas comprenden desde “el retiro de los jefes de misión; la ruptura de las relaciones diplomáticas; la ruptura de las relaciones consulares; la interrupción parcial o total de las relaciones económicas, o de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas o radiotelegráficas, y el empleo de la fuerza armada”.
Argentina integra el grupo de doce países signatarios del TIAR que decidió activar el órgano de consulta del mismo (con Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Venezuela). Fue durante una reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que convocó a 19 de los signatarios del Tratado. Bajo el argumento de que se se quiere tratar el “impacto desestabilizador” de la crisis en Venezuela, la activación del TIAR genera polémica. Costa Rica, Panamá, Perú, Trinidad y Tobago y Uruguay se abstuvieron de votar. Bahamas y Cuba estuvieron ausentes. Cuba no es miembro activo de la OEA pero no se retiró del TIAR.
Y hubo fuerte polémica. Costa Rica intentó que se aprobara una enmienda a la resolución excluyendo el uso de la fuerza armada. Argentina lo apoyó pero no hubo éxito. Bolivia no es del TIAR pero se retiró de sala. Y Uruguay dijo que la situación actual en Venezuela no da lugar a la activación del tratado. México fue fue el más crítico. “Nos acercamos peligrosamente a un punto sin retorno”, dijo la embajadora Luz Baños, cuestionando el uso de un tratado “obsoleto” y advirtiendo en tono muy enérgico que “la OEA pone en riesgo su misión y su futuro”.
Si bien este llamado a activar el Tratado lo gestionó Guaidó con cada uno de sus aliados, se sabe que también es una convocatoria de Estados Unidos, que hace tres décadas jugó contra la Argentina durante la guerra de Malvinas. El TIAR comenzó su ocaso precisamente durante el enfrentamiento angloargentino de 1982, porque Washington se alió con los británicos.
En 1982, Argentina invocó el TIAR durante la Guerra de las Malvinas para defenderse del Reino Unido y una mayoría de los miembros la apoyaron. Sin embargo, Estados Unidos, miembro de la OTAN, rechazó la invocación con el argumento de que Argentina había sido la nación agresora y el Consejo de Seguridad de la ONU ya había tomado cartas en el asunto, una posición a la que adhirieron Colombia y Chile.
La opinión generalizada entre diplomáticos y observadores, por entonces, fue que el TIAR había recibido así un golpe de gracia. Hoy parece renacer”, recordó con algún dejo de ironía el director de la Fundación Abierta, Jorge Arguello, ex embajador en la ONU y en Washington, hoy miembro activo en política exterior de Fernández.
Venezuela lo había abandonado hace seis años. Pero en julio pasado, la Asamblea Nacional venezolana liderada por Guaidó aprobó su regreso. Argentina integra el grupo que reconocen a Guaidó como “presidente encargado” de Venezuela. Así se autoproclamó en enero de este año.
Con todo, y pese a que el Gobierno no apoya el uso de la fuerza dentro del ámbito entero de la cancillería hubo críticas veladas a la decisión de participar en el mismo TIAR en pleno período electoral, donde, en caso de ganar la presidencia Alberto Fernández, se cambiará por completo la política respecto a Venezuela. El candidato del Frente de Todos ya ha dicho que buscará una política similar a la de México y Uruguay, que no integran el Grupo de Lima, donde actualmente sí participa la administración Macri. Tampoco reconocen a Guaidó como presidente encargado.