
El ganador de las PASO quedará bien perfilado para las elecciones del 27 de octubre. La diferencia entre la cantidad de votantes en las primarias y las generales suele rondar el
10 por ciento, por lo que el prorrateo de esa cifra puede ser clave e, incluso, inclinar la balanza en el resultado final, ya sea para que haya un ganador en primera vuelta o llevar la elección a los penales del balotaje.
El primer escenario posible en la noche de este domingo es que el triunfo de Alberto Fernández sea lo suficientemente amplio como para que en dos meses se transforme en Presidente electo en primera vuelta. El segundo escenario, que esa diferencia sea más apretada, lo que le daría la posibilidad a Mauricio Macri de llevar la definición a una segunda vuelta. En la instancia de los 12 pasos el actual Presidente tiene las mayores chances de imponerse, con la transferencia de votos que le llegaría del “candidato del consenso”, Roberto Lavagna.

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes
Recibir newsletter
La incógnita es cómo modificará el devenir de la política el triunfo de uno u otro candidato. Puntualmente, y más allá del plan económico y el modelo de país que se imponga, surgen algunas preguntas:
Uno: ¿Será capaz el ganador de buscar los consensos que hacen falta para terminar con el negocio de la grieta?
Dos: ¿Habrá propuestas concretas de acá al 27 de octubre que les permitan a los argentinos votar a un candidato y no sólo escupir al que no le gusta?
Y tres: en definitiva, ¿recuperará la palabra elección su semántica positiva para abandonar la viciada opción por la negativa ante el temor a que vuelva el pasado o continúe el presente?
En los últimos días, el “no se inunda más” de Macri viralizado en las redes se convirtió en una de las frases de esta campaña. Una frase que tiene una verdad literal pero al mismo tiempo puede leerse como metáfora de la Argentina que queremos tener.
Por un lado, la de lograr objetivos que se consoliden y queden para siempre, en los que podamos hacer pie para, a partir de ahí, avanzar. Pero, por otro, entender también que ese deseo de que no se inunde tiene que ver con la grieta. Gobierno, oposición: por la grieta abierta no para ni parará de entrar el agua. Y seguiremos necesitando del Arca del Fondo o cualquier otro salvavidas que nos permita mantenernos a flote.
Una de las prioridades debería ser cerrar esa grieta. Tal vez los que compiten por el poder en el corto plazo hoy no lo vean, o no lo quieran ver, pero el gran ganador de este tiempo será aquel que sea capaz de curar esa gran cicatriz nacional, para que el agua acumulada durante los últimos once años escurra de una vez. Así, de a poco y como los chicos que comienzan a tomar confianza en lo bajito, es más probable que podamos aprender a nadar.
PS