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Celulares mellizos y policías infiltrados, la trama para encubrir el crimen de un financista

Redacción TN by Redacción TN
8 junio, 2019
in Policiales
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A Lucio Maldonado, un prestamista de Rosario ligado con distintos actores del delito, lo mataron de tres balazos. Su cuerpo apareció el 13 de noviembre pasado, tres días después de cometido

el crimen, en un descampado de la zona sur de la ciudad. Tenía las manos atadas y un cartel que advertía: “Con la mafia no se jode”. La investigación se direccionó hacia Esteban Alvarado, un delincuente condenado por robo de autos de alta gama en Buenos Aires y mencionado en distintas investigaciones narco.

El hombre de 43 años fue detenido en febrero y la investigación tuvo imprevisibles derivaciones: este jueves fueron detenidos un civil y cuatro policías que colaboraban con él. Todos integraban una sofisticada asociación ilícita que se valió de una amplia gama de recursos para encubrir a su jefe: llegaron a activar teléfonos mellizos y a preparar autos con cuidadas características para realizar atentados y desviar la investigación que tenía en la mira a Alvarado.

Sus maniobras intentaban inculpar, por ejemplo, a un miembro de la banda “Los Monos” por el asesinato de Maldonado y por tres balaceras ocurridas entre diciembre de 2019 y enero de este año contra objetivos judiciales. El poder de Alvarado le permitió infiltrar a un policía que trabajaba junto a los fiscales que lo investigaban.

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Alvarado fue detenido en un camping de Embalse Río Tercero, en Córdoba. Antes de que se produzca su captura instruyó a los miembros de la organización para que dispararan, tal como lo habían hecho “Los Monos” con anterioridad, contra objetivos judiciales. El nuevo Centro de Justicia Penal, los Tribunales provinciales y el domicilio de una empleada judicial que trabajaba en la causa contra Alvarado, fueron los objetivos. A la mujer le dejaron en la puerta de su casa una caja con la cabeza de un perro adentro.

En los dos primeros atentados a balazos dejaron carteles semejantes a los que usaban “Los Monos”. “Con la mafia no se jode”, podía leerse junto a una curiosidad: el nombre del propio Alvarado. Lo que buscaba era despistar. “Si alguien comete un hecho no va a poner su propio nombre. Era una buena coartada”, concluyeron este viernes los fiscales durante la audiencia imputativa.

Alvarado fue detenido en un cámping de Córdoba. (Diario El Puntal de Río Cuarto)

Alvarado fue detenido en un cámping de Córdoba. (Diario El Puntal de Río Cuarto)

La idea era amedrentar, pero también desviar la causa. Para ello utilizaron curiosas y estudiadas maniobras. Lograron generar dos teléfonos mellizos para simular diálogos entre un testigo de identidad reservada enemistado con Alvarado –Rodrigo Ortigala– y un ladero de Ariel “Guille” Cantero identificado como Luciano “Chulo” Olivera.

El plan buscaba que la Justicia intervenga esas líneas y tome la información falsa que se plantaba en los diálogos generados entre esos celulares. Allí hablaban de los atentados, se mencionaba a unos falsos colombianos que supuestamente estaban con Maldonado y se buscaba exhibir que todo el plan lo desarrollaban con el único objetivo de complicar a Alvarado. “Amigo, viene saliendo todo bien. Le van a echar la culpa al Esteban”, se planteaba en los diálogos ideados por el propio Alvarado.

Para avanzar con la estrategia fue clave, de acuerdo a la imputación de la fiscalía, la colaboración delictiva que realizaron dos comisarios de la Policía de Investigaciones (PDI) -los hermanos Martín y Marcelo Rey-, la agente de la seccional 24°, Jorgelina “La Pepo” Chávez, y hasta un colaborador directo de los fiscales que trabajaba en el equipo de Gravedad Institucional, el comisario Pablo Bancora.

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Los cuatro conseguían información, teléfonos y datos del testigo de identidad reservada, de “Los Monos” y hasta de empleados judiciales. Se la aportaban a Alvarado y colaboraban para introducir elementos falsos para complicar la investigación contra él. Los hermanos Rey -Martín era comisario y jefe operativo de la PDI y su hermano subcomisario- plantaron incluso un teléfono en un operativo para que los investigadores tomaran de allí mensajes que había ordenado introducir Alvarado para despistar.

La maniobra de la banda incluyó seguir a Ortigala, verificar que automóvil utilizaba, y conseguir montar uno con las mismas características para que las cámaras de seguridad lo captaran en el atentado a la empleada judicial, ocurrido el 31 de enero pasado. Alvarado dio órdenes expresas para que el auto circulara por lugares donde quedaría registrados en las filmaciones.

Como la patente no podía identificarse el policía Martín Rey lo aportó a la investigación gracias a un dato “de calle”: de esa manera involucraron a Ortigala, ex aliado y ahora enemigo de Alvarado. “La idea era que la fiscalía compre esta versión”, indicaron este viernes los propios fiscales.

Una quinta vinculada a Esteban Alvarado, allanada en la investigación por el crimen de Lucio Maldonado.

Una quinta vinculada a Esteban Alvarado, allanada en la investigación por el crimen de Lucio Maldonado.

Para desarmar toda la maniobra del grupo fue clave recuperar un teléfono Iphone 8 que Alvarado arrojó a un lago cuando lo detuvieron. Un comisario, con instrucciones del Ministerio de Seguridad de Santa Fe, viajó con el aparato a Nueva York para que una empresa israelí pudiera desbloquearlo. Allí encontraron unos 4 mil archivos de audio de Telegram, el sistema que Alvarado utilizaba para que no lo interceptaran. En el aparato había fotos y datos que hoy se presentaron en la audiencia imputativa contra los miembros de la asociación ilícita.

En el trámite judicial -que continuará el lunes- Alvarado fue señalado como líder del grupo y “responsable de amenazas coactivas calificadas con la intención de obtener una medida o concesión por parte de cualquier miembro de los poderes públicos, teniéndolo como instigador en tres hechos”.

Los hermanos Rey fueron imputados por incumplimiento de los deberes de funcionario público y encubrimiento agravado por tratarse de un delito especialmente gravado en concurso real, en calidad de autores. A Chávez y Bancora le sumaron coecho y tráfico de influencias. El sexto imputado es un civil, mano derecha de Alvarado. A Marcelo “El Fino” Ocampo se le achaca amenazas coactiva calificadas contra miembros de los poderes públicos y encubrimiento agravado. Los fiscales proyectan que la investigación puede sumar más detenidos y nuevas sorpresas.

LM

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