
Al bajar del escenario, tras los 45 minutos de acto, los Fernández se refugiaron en el VIP. Saludaron y repartieron besos. Uno de los que se acercó a saludar fue Axel
Kicillof y cruzaron unas palabras.
Alguien sugirió una foto y cuando se se preparaban para la toma, Cristina Kirchner pidió que la llamen a Verónica Magario. La intendente de La Matanza estaba por ahí y se acercó. Así quedó armada la postal: la fórmula nacional y dos de los candidatos a gobernador bonaerense.
En el tumulto, alguien pidió que busquen a Martín Insaurralde pero el lomense se había retirado. Más allá estaba Fernando Espinoza. Luego se sumaron otros: Máximo Kirchner, Eduardo “Wado” De Pedro y Gustavo “Tano” Menéndez, el alcalde anfitrión.

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Pero la foto, armada por Cristina, la mostró a ella junto a Alberto F., Kicillof y Magario. La lectura fue inmediata y circuló como peste entre los presentes y luego por Whatsapp. “Cristina eligió fórmula o, al menos, avisó cuál es la que le gusta a ella”, le dijo a Clarín un dirigente del conurbano.
– ¿Todavía tenés dudas? -le preguntó, con complicidad, un referente a Magario cuando la saludó.
En octubre de 2016, Cristina Kirchner declara ante el juez Ercolini en los Tribunales. La acompañan dirigentes, entre ellos Kicillof. Foto Pedro Lázaro Fernández
El morbo político se potenció con un detalle: la foto se sacó, varios vieron como la armó la ex preisdente, pero no se dio a conocer, no se distribuyó a la prensa ni se publicó. Debe estar archivada en el chip de una cámara digital.
Se convirtió, casi, en un incunable una postal que quizá se lea, dentro de unas semanas, como un augurio. La foto, si bien puede parece bendecir una fórmula, no precisa el orden de la misma: ¿Kicillof-Magario o Magario-Kicillof?
Si la foto se traduce como un indicio, esconde otros mensajes.
Es un “mimo” político para La Cámpora, la agrupación de Máximo Kirchner, que parece replegarse en la provincia de Buenos Aires: a ese territorio movió a dirigentes como Andrés “Cuervo” Larroque y en la provincia se lanzará a cruzadas territoriales como ganar Quilmes o Mar del Plata a través de dos dirigentes propias: Mayra Mendoza y Fernanda Raverta.
Kicillof no es, en el sentido clásico, un neocamporista: nunca formó parte de la mesa chica y hasta generó celos en la agrupación por la relación directa con Cristina. Pero en la cuenta de pertenencia, Axel entra en la cuenta de La Cámpora.
Supone, en sentido inverso, un golpe para los intendentes que reclaman que la cima de la boleta bonaerense la ocupe un intendente.
Pero hay otro tercer destinatario: la determinación de Cristina de posar con Kicillof y Magario aparece como una advertencia o límite a la pretensión de poner en ese casillero a Sergio Massa, hipótesis que entre los intendentes del PJ le atribuyen a Alberto Fernández.
“Sería muy interesante que Massa participe de unas PASO con Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires”, aseguró Larroque.
Kicillof, Larroque y Augusto Costa. Foto Néstor Sieira
Algo de eso se adivina detrás de los dichos de Larroque de la semana pasada cuando invitó a Massa a competir en una PASO por la gobernación contra Kicillof. Si CrIstina apuró, como creen en el PJ, la bendición del ex ministro de Economía, de mínimo parece encorsetar el margen de Alberto para negociar con el tigrense.
Hay otra lectura. “Pudo ser para que Massa deje de dar vueltas y se apure si quiere acordar” interpretó un alcalde que estuvo en el acto de Merlo.
PDL