Cada día unos 300 chicos intentan cruzar solos a Estados Unidos

Angel tiene tres años y es mexicano. Su historia, atravesada por la inclemencia de la pobreza, se convirtió en el exponente más doloroso de la ola de inmigrantes centroamericanos que atraviesa

cotidianamente la peligrosa frontera sur de Estados Unidos.

A principios de abril apareció llorando, desconsolado, en un sembradío de maíz en Brownsville, al sur de Texas, cerca del río Bravo. La Patrulla Fronteriza estadounidense –U.S. Customs and Border Protection (CBP)- encontró al nene cuando intentó detener a un grupo de migrantes que se había desbandado.

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En los zapatos de Angel un coyote -traficante, contrabandista- había escrito su nombre y un teléfono de Matamoros, México.

Ese número permitió encontrar a su tío, quien vinculó a las autoridades mexicanas con los padres de Angel. “Aparentemente los padres habían pagado a un coyote para que trajera al menor a Estados Unidos y se lo entregaran en Nueva York, en donde viven”, contó Juan Carlos Cue Vega, cónsul de México en Brownsville.

Pero el cruce salió mal y los coyotes, como se sabe, no suelen comprometerse afectivamente con las víctimas. Ante la presión de la Patrulla Fronteriza, lo abandonaron en medio del campo.

La de Angel es sólo una de las historias, que resultó más impactante por su edad. Pero hay miles de episodios desgarradores de chicos que llegan solos a territorio estadounidense.

Una niña hondureña de dos años llora mientras su madre es registrada y detenida cerca de la frontera con México, en McAllen, en Texas. / John Moore/ AFP

Una niña hondureña de dos años llora mientras su madre es registrada y detenida cerca de la frontera con México, en McAllen, en Texas. / John Moore/ AFP

Un flujo que desborda la frontera

La U.S. Border Patrol, o Patrulla Fronteriza, es una de las agencias de seguridad más rígidas de Estados Unidos. Su misión es evitar el ingreso de terroristas y narcotraficantes, pero en los últimos años se dedicaron de lleno a frenar el caudal de inmigrantes.

Según cifras de esa organización, sólo en marzo de este año arrestaron a más de 92.000 inmigrantes ilegales a lo largo de la frontera con México.

De ese número, casi 9.000 eran menores que estaban sin compañía de adultos. Algunos son adolescentes de 14 o 15 años, pero también hay pequeños como Angel, de 3, 4, 5 años deambulando por una región desolada, entre el desierto y la muerte, en manos de bandas de coyotes.