Chicos baleados en Rosario, la otra cara de la violencia

El grito desesperado de Soledad Gómez se ahogó por el impacto de una bala. La adolescente de 13 años intentó advertir a sus amigos que hombres en moto recorrían el pasillo

disparando. Un plomo le atravesó la espalda. Cayó en una zanja de Villa Banana, en la zona oeste de Rosario. En los primeros minutos del viernes 5 de abril se apagó su vida. Veinte días antes de su cumpleaños. Soledad estaba llena de sueños y de proyectos. Le gustaba jugar al fútbol en el playón del barrio, mezclándose en equipos mixtos. Era arquera, hincha de Boca. “Los chicos la llamaban para que ataje. No le metían ni un gol. Ella agarraba todo”, cuenta Yanina, una de sus tías.

La adolescente había ganado una beca para comenzar con sus estudios en la escuela que los Hermanos Maristas administran en el barrio. Sólo dos chicos habían sido elegidos. Y ella estaba feliz por eso. Este año cursaba juntos el sexto y séptimo grado, los dos últimos de la primaria. Y como toda adolescente de su edad proyectaba su cumpleaños de 15. En el celular guardaba fotos de vestidos. Elegía colores. Iba proyectando cuál podía ser el souvenir para la fiesta. Todavía no había definido el salón para la esperada reunión. “Para ella era un sueño”, la recuerda su tía.

Menores baleados en 2019

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Fuente: BCRA Infografía: Clarín

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Rosario era su nuevo hogar. El año pasado, en julio, llegó de visita por unos días a la casa de Yanina, su tía materna. Y ya se quedó. Venía desde la localidad de Puerto General San Martín, al norte de Rosario, donde aún viven su madre y sus cuatro hermanos. En su nuevo barrio se había hecho de nuevos amigos. Y sonreía, y jugaba, y vivía. Hasta que una bala asesina le dijo basta. A todo.

Su caso impacta, aunque es una postal que se repite en algunas zonas de la periferia de Rosario atravesadas por las peleas interpersonales, la inseguridad y las disputas entre bandas narco. Sólo este año son ya 13 los casos de chicos de entre 1 y 15 años heridos con armas de fuego, sumados al crimen de Soledad.

En el mismo ataque donde murió Soledad -o Pamela, como le dicen sus afectos porque Pamela Soledad era el nombre elegido aunque en el documento de identidad sólo quedó registrada como Soledad Gómez- fueron heridos dos amigos de la chica, también adolescentes: un plomo le desgarró el rostro a Celeste (13) y otro le impactó en la zona lumbar a Kevin (14). El pibe permanece postrado y sus familiares esperan que pueda volver a caminar con normalidad.

La ciudad que descansa recostada sobre un majestuoso río marrón convive con esta cruenta realidad. Los chicos baleados son una arista más para aproximarse al fenómeno de la violencia urbana. Los 1.263 crímenes registrados en el Gran Rosario entre 2013 y 2018 son, quizás, la evidencia más visible. Esa estadística incluye a 30 chicos de entre 2 y 15 años asesinados en esos seis años.