
Alguna vez lo dijo en forma explícita, y en otras ocasiones optó por un lenguaje más elusivo, pero a esta altura nadie en la Corte Suprema duda de que Carlos Rosenkrantz
no dejará pasar muchas oportunidades para marcar sus diferencias con la gestión de su antecesor en la presidencia del tribunal, Ricardo Lorenzetti.
En su primer discurso de apertura del año judicial, Rosenkrantz decidió centrarse en sólo uno de los problemas que ensombrecen a los juzgados: la falta de legitimidad del Poder Judicial. Que los ciudadanos hayan dejado de confiar en los jueces como un ámbito imparcial para dirimir sus conflictos, es, para Rosenkrantz, el escollo principal que tiene la Justicia.
Según él cree, la tarea más importante que deben emprender los miembros del Poder Judicial es, paradójicamente, erradicar la idea de que los jueces son poderosos, o, mejor dicho, buscan el poder. El contraste con lo que piensa Lorenzetti -un hombre que siempre hizo eje en la responsabilidad institucional de la Corte como uno de los ejes del Estado y que siempre promovió el contacto permanente con los habitantes de la Casa Rosada- queda en ese punto en evidencia.
El ministro Garavano en la apertura del año judicial con discurso de Carlos Rosenkrantz . Foto: Andrés D’Elia
Los jueces integran, se sabe, un resorte contra-mayoritario del Estado. A diferencia de la cabeza del Poder Ejecutivo y de los senadores y diputados, a los jueces nadie los vota: no necesitan mayorías populares que los respalden y su período en el cargo dura -aunque la propia Corte viole sin disimulo ese principio- hasta que cumplan los 75 años.
Por eso, en el altar de la coherencia, dice Rosenkrantz, los jueces deben “estar dispuestos a vivir con la falta de popularidad” que algunas de sus decisiones pueden generar. Esa es, según sus palabras, la paradoja más difícil de desatar: para recuperar la confianza popular, los jueces deben estar dispuestos a firmar decisiones impopulares.
Ricardo Lorenzetti , antecesor en la presidencia del tribunal, durante la apertura del año judicial. Foto: Andrés D’Elia
No será sencillo para el Gobierno de Mauricio Macri convivir con una Justicia como la que propone Rosenkrantz. El Presidente deberá estar preparado para lidiar con fallos como el que devolvió fondos a San Luis o, en el futuro próximo, a Santa Fe. Y tendrá que hacerlo en su momento de mayor debilidad y enredado por la incertidumbre del año electoral.