
Agustina conoció a su primer novio a los 15 años. Los dos iban al mismo colegio. Al principio la relación iba bien, pero al año empezaron los primeros problemas: El le
revisaba el celular de manera constante y le pedía que dejara de subir fotos a las redes sociales porque lo hacía quedar mal con sus amigos, que le decían que ella era una “puta”. La descalificaba adelante de todos y le repetía una y mil veces que no servía para nada: “Sos una burra, un desastre, todo lo que hacés lo hacés mal”. Agustina no entendía que esa relación era nociva y que su novio era violento.
Se habla en los diarios, la radio y la televisión. Se hacen marchas multitudinarias y en las escuelas hay talleres y cursos especializados. Pero la violencia en los noviazgos adolescentes no afloja y en dos años se triplicaron los pedidos de ayuda. Agustina es una de ellas. En el marco del mes de los enamorados, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, informó que la cantidad de asistencias a adolescentes de entre 13 y 21 años que acudieron al Programa Noviazgos Sin Violencia aumentó y pasó de 372 asistencias en 2016 a 935 en 2018.

Qué pasó hoy | Te contamos las noticias más importantes del día, y que pasará mañana cuando te levantes
Recibir newsletter
“La violencia en los noviazgos se manifiesta de distintas formas, algunas son más evidentes que otras. La más frecuente es la violencia psicológica: las amenazas, el control excesivo, la desvalorización constante de lo que decís o hacés. Otra forma es que te obligue a tener relaciones sexuales. La violencia física (como empujones, palmadas o palizas) llegan después, cuando la novia cuestiona o intenta romper la relación o los mecanismos de control y dominación”, explica Guadalupe Tagliaferri, ministra de Desarrollo Humano de la Ciudad.
Así, son pocas las que detectan y cuentan lo que les pasa. La adolescencia, se sabe, es la etapa en la que se idealiza, y lo usual es que minimicen y naturalicen: un tirón de pelo no es para tanto. Y si la cela es porque la ama. Es acá cuando forman la primera imagen que tienen de ser adultas y de tener un novio. Y cuando el círculo de violencia les impide hablar, crecen pensando que tener un novio es esto. Se les destruye el autoestima, aparecen trastornos de ansiedad o depresión.
El Programa Noviazgos Sin Violencia tiene como objetivo brindar asistencia, orientación y acompañamiento a adolescentes entre 13 y 21 años que viven o vivieron situaciones de violencia física, emocional o sexual en sus parejas. Asimismo, ofrece atención a las familias de las víctimas de violencia.
Lo primero que hacen las chicas es llamar a la línea 144 cualquier día de la semana, las 24 horas. Una vez que una especialista las escucha y las orienta se avanza con actividades presenciales: talleres de reflexión, acompañamiento y asesoramiento en el área social, abordaje psicológico y otras actividades. En 2017, la cantidad de asistencias fue de 586, mostrando un aumento de cara a 2018 de un 60% en el volumen de concurrencia a este programa.
“Si bien nos preocupa que aumenten las cifras, también es un buen síntoma, porque significa que las chicas se animan cada vez más a pedir ayuda y a denunciar. Se empiezan a dar cuenta que no está bien que las controlen por todo lo que hacen o que les digan cómo vestirse”, dice Tagliaferri y continúa: “El hombre machista que tiene 40 años ya está chipeado así y es más complicado hacerlo entrar en razón, pero sorprende que chicos de 17 años también sean violentos. A su vez todos esos adolescentes tienen posibilidades de cambiar y podemos revertirlo, siempre con educación”.
Un día Agustina -que hoy tiene 18 años- empezó a entender que la relación que tenía con su novio no era la que le gustaba. Los ataques de celos eran cada vez mayores y hasta un día la llegó a empujar contra un mueble luego de que subiera una foto a Instagram en bikini en una pileta: “Al principio creía yo misma que estaba exagerando, que no era tan malo y lo naturalizaba”, le cuenta a Clarín. Sus amigas, recuerda, fueron quienes la hicieron cambiar de parecer: “Me decían ‘ese chico no te ama, amar es otra cosa’ y ahí me di cuenta. Ahora ayudo a otras chicas y muchas me preguntan ‘¿Cómo hiciste para salir de la relación porque yo estoy en la misma y no puedo?’”.