
Gente que se cortó el pelo, que adelgazó, que engordó, que dejó de comer carne o que se mudó de continente o de oficio. Gente que no puede creer cómo usaba
el flequillo o de qué colores eran los vestidos que usaba para ir a un casamiento en otra época de su vida y se ríe piadosamente de eso delante de su audiencia virtual. Equipos de fútbol de amigos que disputan torneos de ex alumnos de algún colegio y que, alguna cirugía de ligamentos mediante, se mantienen con la misma formación desde hace mucho tiempo. Gente que extraña a un perro que se murió, gente que se hizo runner, gente que se sorprende porque el cuerpo le cambió pero los gestos siguen intactos. Gente que tuvo hijos o hijas.
Un poco de todo eso -y más también- desfiló esta semana por Facebook, Instagram y Twitter. El hashtag -ese truco para agrupar el material que pulula por Internet en un mismo fichero- fue #10yearchallenge. El “desafío” era publicar, una al lado de la otra, una foto actual y otra de hace diez años. La ventaja era la posibilidad de “editar” el paso del tiempo, de hacerlo pasar por el filtro que resultara conveniente a la línea editorial de cada usuario de esas redes.
Nati Jota se prendió al desafío #10YearChallenge.

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“Ir hacia el pasado para analizar nuestro presente muestra que el presente absoluto no existe y que estamos todo el tiempo revisitando ese pasado para entendernos. Ese revisitamiento es subjetivo: uno va diez años atrás a ver lo que necesita para reafirmar el presente en el que está, para seguir narrándose a sí mismo hacia el futuro”, dice el filósofo Darío Sztajnszrajber.
El autor de “Filosofía en 11 frases” suma: “Hay dos modelos para percibir nuestro tiempo. Uno entiende el paso de ese tiempo como algo lineal y degenerativo, se entiende la vida como una carrera hacia la muerte en la que lo que vas haciendo es perder. Bajo ese modelo, mirar una foto de hace diez años y encontrarnos similares es una manera de decirnos ‘he vecindo el deterioro del tiempo’. El otro modelo ve el paso del tiempo como la posibilidad de realizar propósitos: uno mira diez años atrás y lo que ve es lo que pasó en los últimos diez años en cuanto a realización personal”.
“Hay un tiempo que es cronológico, que es igual para todos y se rige por el reloj o el calendario. Pero a la vez, hay un tiempo subjetivo, que se subdivide en el tiempo de la cultura y el del narcisismo”, cuenta el médico psiquiatra y psicoanalista Pedro Horvat. “El de la cultura es el tiempo de aceptación de la finitud, en el que crecemos, maduramos y envejecemos, no siguiendo parámetros de edad sino de desarrollo personal. Se trata de lo que cada uno hizo con su vida y con su tiempo. Y el tiempo del narcisismo es un tiempo ilusorio, un tiempo en el que no hay tiempo y en el que siempre nos sentimos jóvenes”.
Vicky Xipolitakis se prendió al desafío #10YearChallenge.
Para Horvat, “en las fotos que se vieron en el ’10 year’ se jugó para muchos su idea del tiempo narcisista: el anhelo de permanecer igual que hace una década, de sentir que el tiempo no les había pasado o de sentir que ahora están mejor que hace una década, que a pesar de las marcas que el tiempo deja en la cara y en el cuerpo, ahora lucen más interesantes, más maduros, más apuestos”. La elección de las fotos que se mostraron -y el descarte de todas las que se omitieron en el “desafío” virtual, explica Horvat- “no es casual”.
Daddy Yankee se prendió al desafío #10YearChallenge.
“Con el paso del tiempo, inevitablemente el cuerpo va cambiando. Las posibilidades de ese cuerpo, en general, son cada vez menos, aunque la experiencia hace que algunas características -la empatía, por ejemplo-, aumenten. Pero el correr de los años nos cobra ciertas facturas: la buena alimentación, el buen descanso y el ejercicio son tácticas saludables que se han ido inventando para tratar de amortiguar ese paso del tiempo”, dice el biólogo y divulgador científico Diego Golombek. “Estamos en una especie de tiranía de la juventud”, suma.
Fernando Dente se prendió al desafío #10YearChallenge.
“A veces uno revisa quién era hace diez años para ver cuántas de las utopías no se han realizado, y qué recorrido han tenido. El valor de la nostalgia puede no ser meramente pasivo, sino, en determinados momentos, revolucionario: recuperás tus utopías para tratar de realizarlas en el presente. Visualizás lo que no fue, por qué no fue, y cuánto hay que mover esas utopías para que se cumplan. No hay que entender la nostalgia sólo en términos paralizadores, como algo que nos golpea contra lo que quisimos ser y no pudimos, sino como una herramienta para recuperar el pasado en función de lo pendiente”, dice Sztajnszrajber. Esta semana las pantallas fueron el escenario global de ese rescate emotivo: ocurrió en Facebook, Instagram y Twitter. Mientras tanto, en Google alcanza con tipear “el inexorable” para que la máquina de buscar sugiera que como primera opción “el inexorable paso del tiempo”.