Son tiempos difíciles. Si alguna vez se celebró la pausa como reflejo de un pensamiento innovador, desde los años 90 el auge de la cultura talk show mantiene un reinado superlativo.
Hablar de lo propio pasa a ser el estándar de lo contemporáneo y la participación activa dentro de un equipo es el non plus ultra de toda personalidad. En la discoteca, el cetro es para quien se sube a algo (una tarima, un escenario, una silla más no sea). Hay que mostrarse.
En “El poder de los introvertidos en un mundo incapaz de callarse”, la estadounidense Susan Cain habla de la habilidad para adaptarse a las limitaciones. No tenemos que ir todos para el mismo lado: la tan festejada diversidad no es sólo sexual sino también vital. Hay personas distintas y estaría bueno que encuentren su manera de ser sin quedar relegadas. Sin embargo. ¿sirve rumiar la tensión y el pánico? ¿Compartirlo no aliviana? ¿Hay formas para mostrar empatía sin necesidad de escrachar, de exhibir maliciosamente la inhabilidad del otro?

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Una amiga muy cercana -ella se reconoce algo fóbica más que tímida- duda cuando la invitan a una reunión donde hay más de cuatro o cinco personas, en especial si no las conoce. Con reticencia, luego de peleas internas -y a veces externas-, suele ir e invariablemente lo pasa bien. No tiene una incapacidad para socializar, sólo le asusta ese primer minuto en que debe reconocer el mapa de la reunión y buscar un primer lugar. Luego, todo fluye.
¿En qué momento la timidez empieza a ser un problema? Hay una respuesta simple: cuando impide hacer lo que uno desea. Si uno se siente cómodo con su vida introvertida, creo que no se debe clonar la cultura del momento e intentar ser más “guay”. Pero si hay un querer insatisfecho -dar ese beso que casi nos era entregado y lo perdimos, como cuenta Llach- parece positivo intervenir.
En estos tiempos en que mandan los relatos, vale detenerse en el de los tímidos.Que pongan en palabras ese mundo que se cae, la vergüenza que los va a invadir si empiezan a ser percibidos. Deconstruir ese fuerte -con fosa y todo- puede mostrar lo que sospechamos: el mundo no se detiene en nosotros. Somos importantes, sí, pero no tanto.