
“La Pintada es un ritual cultural que hacemos para descargarnos después de un año de esfuerzo”. Así presentan los alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires (CNBA) a la fiesta con la
que hoy casi toda la escuela despide el año. Cuerpos coloreados por las témperas, música con parlantes gigantes, la calle transformada en un boliche a cielo abierto y alcohol, mucho alcohol. Y polémica. Por temor a los excesos en los más chicos, las autoridades enviaron un comunicado a las familias con la recomendación de que no dejen participar a sus hijos del festejo, y en caso contrario que los acompañen.
La Pintada, el festejo de fin de curso del Nacional Buenos Aires. Foto / JUANO TESONE

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La antigua ‘vuelta olímpica’ con la que los estudiantes del último año del secundario del Nacional celebraban el fin de una etapa quedó desde hace siete años en el pasado. Los destrozos provocados dentro de la escuela y el riesgo que implicaba que los chicos se lastimaran, incentivaron a que las autoridades prohibieran ese festejo. Fue entonces que surgió el nuevo formato: La Pintada.
¿De qué consta? Los alumnos se organizan durante semanas: alquilan un grupo electrógeno para conectar los parlantes, piden permiso a la municipalidad para cortar la calle, compran témperas de colores, espuma, harina, huevos y brillantina para darle un tono de carnaval a los cuerpos. El alcohol tampoco falta: heladeritas con fernet y cerveza son parte de la postal infaltable. Es un boliche en pleno centro porteño, con perreo incluído.
El riesgo principal es el exceso en el consumo de las bebidas alcohólicas. Es que el festejo con el correr de los años mutó: antes sólo participan aquellos que terminaban la escuela secundaria, chicos ya mayores de edad o que están a punto de cumplir los 18 años. Pero desde hace unos años se sumaron el resto del alumnado. Del total de 2.450 estudiantes (separados en tres turnos y 77 divisiones), las autoridades calculan que participan unos 1.500 de todas las edades.
El año pasado “La Pintada” no tuvo un final feliz y festivo. Según cuenta el rector del CNBA, Gustavo Zorzoli, tuvieron que asistir más de una docena de ambulancias para atender a chicas y chicos que estaban descompuestos. Además se generó un episodio de violencia callejera con otros jóvenes no pertenecientes al colegio que derivó en una denuncia policial y que siguió teniendo consecuencias a lo largo del presente ciclo lectivo.
“Es por todo lo expuesto que esta Rectoría recomienda enfáticamente a las familias que no autoricen a sus hijas e hijos a asistir a este festejo y en caso contrario los acompañen”, cierra el comunicado que escribió Zorzoli a las familias para que queden atentas a lo que pueda pasar.
La Pintada, en el Nacional Buenos Aires. Foto / JUANO TESONE
El ritual, como lo llaman los alumnos, comenzó a las 13 y termina cuando el sol de a poco cae, pasadas las 20: “No estoy en contra de que los chicos celebren. Está muy bien, pero el problema es cuando se desvirtúa y el consumo de alcohol y cualquier otro tipo de sustancias provocan que la fiesta se transforme en otra cosa. En este caso la escuela no participa en nada y las puertas del lugar están cerradas. Sin personal docente ni no docente”, cuenta el rector a Clarín.
Mientras tanto en todo el frente de la escuela los chicos colocaron un nailon negro para impedir que la pintura manche las paredes. Las chicas con short y corpiño, los chicos en bermudas y con el torso al aire celebraban el fin de un año intenso: “Durante el año tuve que estudiar un montón y me perdí salidas con amigos. Es la forma que tenemos de descargar esas ganas de celebrar que tenemos”, decía una chica con el rostro tapado por un arcoiris.