
Cuando George Bush visitó por primera vez la Argentina en diciembre de 1990, Carlos Menem terminaba de reprimir, a sangre y fuego, y ya definitivamente, una sublevación carapintada. La llegada del
presidente de Estados Unidos, que también fue recibido en el Congreso, se interpretó como un firme respaldo a Menem. Ni siquiera en una situación tan riesgosa, decidió postergar la visita. Era la primera de un mandatario del país del Norte, desde que Eisenhower fuera recibido por Frondizi a comienzos de la década del 60.
La relación entre Bush y Menem había surgido un año antes. Se cuenta la anécdota de la cena de gala de la ONU, en Nueva York, donde una picardía del presidente argentino –recién empezaba su mandato- le permitió acercarse a Bush y manifestarle su adhesión. De allí a las “relaciones carnales” de las cuales pronto hablaría el canciller Guido Di Tella, faltaba muy poco.
Carlos Menem y George Bush juegan al tenis en la visita del mandatario estadounidense a la Argentina.
Contra todo pronóstico, desde que asumió su gobierno, Menem no sólo se mostró liberal en lo económico sino que también adhirió a todas las políticas de Bush, al punto de que llegó a enviar dos buques a la zona de conflicto en la lejana “Tormenta del Desierto”, la coalición armada para batir a Saddam Hussein en Irak.
Cecilia Bolocco, Carlos Menem y George Bush, en una visita a la residencia del expresidente estadounidense.
Bush también recibió a Menem en la Casa Blanca y en su casa de verano, en Kennenbunkport. “Mi amigo George” y “Somos del mismo palo” fueron dos de las famosas frases del presidente argentino, algo que Bush retribuía hablando de “milagro argentino”, en referencia a las reformas económicas impulsadas durante el período menemista.
Carlos Menem juega al golf con el expresidente George Bush en 1999. Bush hijo (segundo desde la derecha) observa la acción. (AP)

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Ya lejos del poder (aunque no tanto del lobby y los negocios), Bush volvió en 1999. Menem estaba a punto de terminar su mandato, pero compartieron sus momentos en la residencia de Olivos. También jugaron golf en el Jóckey Club. Y luego Bush se marchó al sur “a pescar truchas”, según sus allegados. Otra de sus pasiones.