En ese equilibrio hay decisiones que, aunque provoquen rispideces, no darán marcha atrás. El domingo, cuando Xi Jinping ingrese a la residencia de Olivos ya en tren de visita oficial y
El argentino tendrá sus primeras reuniones con Donald Trump esta mañana. Ese encuentro ya viene anticipado por algunos anuncios como el regreso de la de la venta de carnes argentinas, por ahora 20.000 toneladas anuales, a los EE.UU. y el otorgamiento de garantías por parte de Washington por unos 20.000 millones de dólares para desarrollos energéticos en el país.
De ese encuentro de espera que haya unos cuantos anuncios más y agradecimientos por parte de Macri. Uno de ellos será por algo que deslizó Christine Largarde en uno de los reportajes que adelantó en la previa a su viaje a Buenos Aires. La directora gerente del Fondo desnudó allí la verdadera razón por la que el organismo le otorgó al país los u$s57.100 millones en préstamo: además de hablar de confiabilidad de la administración Macri, recordó la decisión del directorio del FMI en avanzar con el acuerdo. En ese directorio mandan más que ninguno los votos de EE.UU. y Alemania.
El tercer eje de este G-20 para los intereses de la Argentina tiene que ver más con lo político que con lo económico y es la señal que dar a Macri de mantener su política de distensión y acercamiento en la negociación con Gran Bretaña con relación al tema Malvinas, lo que será obviamente durante el encuentro que va a mantener ya con menos protocolo y con menos tiempo con la premier británica Teresa May.
Por otro lado, si nos atenemos a las cuestiones que se ventilarán en materia de agenda propia del G-20, quizás habrá que ser un poco más escéptico en cuanto a los avances que se puedan ver en esta ronda con tormentas sin chances de resolución que la superan ampliamente.