Donald Trump, una sonora derrota por puntos con impacto global

Una inmediata conclusión de las elecciones legislativas de este martes en Estados Unidos indica que Donald Trump perdió por puntos en una pelea muy reñida. En el plano internacional

el impacto de este resultado será equivalente al nivel de referéndum de su gestión que el magnate presidente le imprimió a este comicio. En otras palabras, aparece una debilidad relativa pero concreta de su liderazgo y de su condición ejemplificadora.

En esa línea es probable, por ejemplo, que la teocracia de Irán, que acaba de recibir una andanada de sanciones de EE.UU. para acorralar a su economía, decida ahora sentarse a esperar los siguientes dos años en la esperanza de que las presidenciales del 2020 devuelvan a Trump a su casa. Los guiños europeos a Teherán, que se han multiplicado por la ruptura del atlantismo, se repetirán en ese sentido y no solo con los persas.

En la distante China, el presidente Xi Jinping habrá suspirado con algún alivio porque su enconado adversario queda con una mano atada. No hay claridad ahora sobre si habrá una segunda etapa, como la que se preveía, en la guerra comercial que incluya todo el volumen exportable del gigante asiático a EE.UU. Ese salto en el conflicto golpearía aún más a la economía global y en mediano plazo al sistema de acumulación del propio Estados Unidos. Quizá por todo esto, también en el FMI, el Banco Mundial y hasta en la FED, el Banco Central norteamericano, habrá resonado algún suspiro.

En estas elecciones, Trump no solo perdió el control de la Cámara de Representantes, sino que, con su estrategia, acabó con ocho años de dominio de ese recinto por parte de los republicanos. Es un indicador de que algo no ha funcionado y difícilmente pueda ser enmendado en el tiempo que resta hasta la próxima cita. Al menos, sus enemigos alrededor del mundo, se apurarán a atarse a esa conclusión.

Hay otra dimensión que debe observarse. Para la enorme legión del nuevo populismo que se ha extendido en Europa y aquí cerca, en el Brasil de Jair Bolsonaro, este resultado señala si no una exacta luz roja, un límite. Su real impacto podrá evaluarse, probablemente, en las elecciones parlamentarias europeas del próximo mayo para las que aquel pensamiento rígido, discriminatorio, xenófobo y ultranacionalista, se ha venido afirmando. Es claro que el freno a Trump no lo convierte en un pato rengo, pero sí le agregará elocuencia a sus críticos que han venido hurgando por una grieta en este sólido aparato antisistema que ha crecido en el planeta desde la crisis económica del 2008. Es interesante especular sobre si este voto con sabor de derrota rozará la debacle que Gran Bretaña experimenta por el Brexit, uno de las banderas del propio Trump en su batalla contra la UE.