
En tanto, el exmilitar manejaba las últimas acciones de su campaña desde su casa, en Rio de Janeiro, como es usual desde que fue apuñalado en un mitin de campaña el 6 de setiembre. El candidato lamentó no estar cerca de la gente “por limitaciones médicas”, y pidió a sus seguidores que no dieran por vencido el pleito. “Confiamos y escuchamos a Brasil. recuerden, nada está ganado [aún]. Fuerza hasta el fin”, tuiteó. Mientras, cientos de sus seguidores se movilizaron a la entrada del lugar con banderas y pancartas como muestra de apoyo.
En las últimas horas, Bolsonaro moderó el tono de sus dichos, caracterizados por su tono racista y machista, en un intento de alejar el temor de que su gobierno podría significar un regreso a los años sombríos de la última dictadura en aquél país. “La forma en que cambiaremos Brasil será a través de la defensa de las leyes y la obediencia a la Constitución”, afirmó el sábado por la mañana. “Cada ciudadano tendrá sus derechos preservados“, aseguró.
Una campaña cargada de tensión. Los días previos a las elecciones de este domingo en Brasil se vivieron con agitación. Agentes policiales realizaron este viernes operaciones en decenas de universidades públicas para exigir el retiro de pancartas “antifascistas” y la anulación de conferencias sobre la democracia, por considerarlas propaganda electoral ilegal contra Bolsonaro. Los procedimientos fueron ordenados por tribunales electorales, provocando protestas de estudiantes y profesores y denuncias de “censura”. Según la prensa, hubo en los últimos días por lo menos 35 intervenciones.
Mientras, seguidores de Haddad intentan convencer este sábado a peatones indecisos en las calles de Brasil para remontar una desventaja en los sondeos. Colectivos de artistas se sumaron a la tarea y en algunos puntos, mientras voluntarios hablan con los transeúntes, payasos animan el ambiente o actores realizan coreografías y entonan consignas como: “Democracia, urgente, Haddad presidente” o “Más amor, menos odio”.
Los brasileños se dividen por un lado entre Haddad, el delfín del encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, que promete regresarlos a los años dorados de bonanza económica comandados por el Partido de los Trabajadores (PT); y por otro un exmilitar nostálgico de la dictadura, partidario de liberar el porte de armas, que afirma poder”limpiar” a Brasil de la corrupción, la inseguridad y el “comunismo”. La última encuesta de Datafolha muestra a Bolsonaro con el 56% de las intenciones de voto, contra 44% de Haddad.
A.B./U.U.