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Adolfo Coronato, un periodista comprometido y bien porteño

Redacción TN by Redacción TN
28 agosto, 2018
in Sociedad
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Entre muchas anécdotas y circunstancias de su paso por las redacciones, hay una que a él le encantaba contar con su voz ronca, con destreza e histrionismo que cautivaba a los

que madrugaban en las largas sobremesas después del cierre del diario.

En julio de 1980, un golpe en Bolivia apoyado por la dictadura argentina y el narcotráfico puso en el poder al general Luis García Meza.

Adolfo Coronato fue el enviado especial de Clarín. Su relato de cómo consiguió llegar a La Paz en medio del toque de queda, de los tiroteos y de las patotas paramilitares, no solo es una nota destacada de su peripecia para entrar a Bolivia desde Perú sino también lo retrata como cronista y como persona. Describió con maestría ese incierto viaje en aviones, taxis y camiones, en su carrera por llegar sorteando retenes militares. En la crónica describió esa Babel que pugnaba por volver a su tierra y que le hizo ver “lo que es la confraternización de razas, y de cómo se pueden mezclar los aromas del Paco Rabanne con el acre olor del sudor altiplánico, mientras que por solo 10.000 soles se podía alternar en aymará con español antiguo, con una pizca de lunfardía porteña que, por supuesto, nadie entendió”. El cuento, repetido varias veces en La Giralda, parrilla que ya no existe mas, era tan abundante en detalles como desopilante, aun en los momentos de riesgo por los que había pasado. Era fugazmente centro de la reunión, raro porque siempre eligió el segundo plano, el perfil bajo.

Antes de llegar al periodismo -y durante- militó en el partido Comunista, en Temperley donde trabajaba como administrativo en el Ferrocarril Roca. Luego -becado por la empresa- estudió Periodismo en el Museo Social Argentino, con Rodolfo Nadra como compañero.

Coronato –o Corotan o el Ronco para los amigos que ya lo extrañan- era un periodista tan comprometido como elegante. Traje cruzado Príncipe de Gales, corbata azul, zapatos bien lustrados, apareció una tarde en El Cronista en 1974 en el viejo edificio de Alsina, como si en vez de entrar a una redacción estuviera por ingresar en la pista de una milonga. Adolfo era la estampa del porteño seductor.

Adolfo Coronato murió este lunes a los 79 años.

Adolfo Coronato murió este lunes a los 79 años.

Aquella redacción de Cossa, Roberto Guareschi, Somigliana, Osvaldo Lamborghini, Osvaldo Soriano, Quito Burgos, entre otros, que había reunido Perrotta, lo fichó en Internacionales, junto a Jorge Onetti y Susana Viau. Era al mismo tiempo corresponsal de la agencia de noticias de la Alemania comunista, que funcionaba en la agencia soviética Tass en el 11° E de Córdoba 652, bajo la dirección de Isidoro Gilbert. También tuvo un breve paso por Panorama, que conducía Jorge Lozano.

Ingresó en Clarín como editor adjunto de Internacionales en 1977 y siguió como periodista la convulsión de un mundo que, en plena guerra fría, se iba reconfigurando: la caída del Sha de Irán, el ascenso de Komeini, el triunfo sandinista, la “perestroika” en la URSS, prólogo del derrumbe soviético. Acontecimientos sobre los que escribía y analizaba a diario.

Esa visión más global del mundo acentuó en Adolfo sus convicciones, se fue alejando del dogmatismo y mantuvo su rechazo al autoritarismo reciente en nuestro país.

También trabajó en el suplemento de Ciencia, creó la sección de venta de Contenidos del diario; fue coordinador de los corresponsales. Siempre atildado, simpático, orgulloso de sus raíces de la Italia del sur.

Adolfo Coronato ingresó en Clarín como editor adjunto de Internacionales en 1977.

Adolfo Coronato ingresó en Clarín como editor adjunto de Internacionales en 1977.

Periodista culto, amable, con gustos populares, de comidas con amigos bien regadas. Hincha de Huracán, del Polaco Goyeneche, Piazzolla y Puccini. Lector avisado, adicto a las novelas de espionaje, que lo atraían . Ya retirado, siguió escribiendo en Ñ y Le Monde Diplomatique.

Coronato tenía temple: se sobrepuso a una tragedia inmensa que emboscó su vida. Con entereza crió a su hijo Luciano. Se volvió a casar con Ana Batistozzi, exquisita crítica de arte, mujer de carácter, a quien conoció en el Club El Progreso. Fue un flechazo que le devolvió la sonrisa al alma: desde ese mediodía no se separaron más y ensamblaron sus familias.

Por encima de todo, Adolfo sabía de amistad. Este lunes, a los 79 años, nos dejó más solos. Sus restos serán inhumados este martes a las 12 en Chacarita.

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