
Ernesto Clarens, el financista que se convirtió en el nuevo arrepentido de la causa de los cuadernos de las coimas, es un ex empleado bancario que trabajó en la city
porteña durante los ‘80, y que después de algún traspié en su actividad viajó a Santa Cruz.
Llegó a esa provincia porque había conocido en el circuito de bancos y cuevas de la capital a un fanático de los mecanismos de la especulación financiera: el intendente peronista de Río Gallegos, Néstor Kirchner.
En Río Gallegos trabó relación con personajes clave del entorno de quien sería más tarde gobernador y luego Presidente, como Lázaro Báez.
Además de su conocimiento sobre el movimiento en la Argentina y hacia el exterior de grandes sumas de dinero, Clarens tenía ya en aquellos años algunos secretos que luego le resultaron de mucha utilidad. Por ejemplo, aprendió que la forma más rápida de contar el dinero era pesarlo.
Quienes lo conocen de esa época recuerdan que en los ’80, Clarens transportaba billetes de dólar siempre en un portafolios Samsonite rígido entre oficinas y financieras porteñas. Cuando esos viajes se volvieron más frecuentes, el hombre optó por pesar la valija vacía y luego diferentes cantidades de dólares en una balanza para saber cuántos fajos cargaba en un viaje sin tener que contarlos cada vez.
Cuando el patagónico asumió su primera Presidencia, en mayo de 2003, Invernes, la compañía financiera de Clarens, pasó a tener un rol dominante en el manejo de las cuentas de las constructoras de los empresarios kirchneristas.
Ernesto Clarens y su abogado saliendo de Comodoro Py. Emmanuel Fernández
Invernes -bautizada así en homenaje a una ciudad escocesa, aunque algunos financistas lo atribuían a la contracción de Invesiones Néstor- se convirtió así en una compañía vinculada a la economía de Lázaro Báez, pero también a la de buena parte de los empresarios de la construcción que se beneficiaron con la obra pública que durante más de una década repartieron los Kirchner.
Siete días antes de que Kirchner llegara al poder, en mayo de 2003, Austral Construcciones, de Lázaro Báez, se inscribió para presentarse a licitaciones en la provincia de Chubut. Los documentos de esa provincia muestran que los accionistas de esa firma eran en aquel entonces dos personas: Báez y Félix Di Perna. Éste último había trabajado durante varios años en Invernes, e integra el directorio de otra compañía de Clarens, Patagonia Financial Services.
En la empresa de Clarens también trabajó Guido Blondeau, uno de los ideólogos de las finanzas de Austral Construcciones.
Los caminos del Grupo Báez y de Invernes se cruzan todo el tiempo. Hasta ahora, ninguna investigación judicial avanzó demasiado sobre la contabilidad de esa firma tan vinculada al empresario Báez.
Uno de los domicilios registrados por Invernes es Pasaje Carabelas 241. Es el mismo edificio en el que funciona Austral Construcciones.
Este año, se publicó un informe de la UIF sobre empresas de Clarens que giraron a cuentas de firmas cuyos beneficiarios finales eran los hijos de Báez unos 11 millones de dólares en 2011, al año siguiente de la muerte de Néstor Kirchner.