Si los cuadernos originales no aparecen, ¿la causa corre peligro?

Oscar Centeno escribió durante años sus memorias de chofer de un valijero de la hipercorrupción K. Confesó ante la Justicia. Él redactó, con prosa vibrante, sus travesías llevando millones junto al

ex funcionario de relevancia para los más influyentes empresarios de la construcción, la energía (gas, petróleo), el transporte y las comunicaciones.

Roberto Baratta fue la mano derecha del ministro K que administrativamente controlaba esos mercados regulados por el Estado: Julio De Vido. Centeno narró sus viajes por una Buenos Aires que parecía no mirarlo. Centeno acordó con uno de los fiscales de mayor experiencia en tribunales, Carlos Stornelli, que aceptaba autoinculparse en esa trama que admitió como delictiva bajo la figura legal de “imputado colaborador”. Centeno es un “arrepentido”, según la jerga de un lugar que tanto conoce: la calle.

El juez de la causa de los millones viajeros, Claudio Bonadio, deberá homologar el acuerdo del remisero con el fiscal para que el chofer sea oficialmente un delator con beneficios que le otorgará la Justicia. Pero Centeno no es inocente. Él mismo le afirmó a Stornelli cuál fue su rol en lo que fiscal considera que se trató de una asociación ilícita para recaudar coimas en dólares que pagaban empresarios a dos ex presidentes, Néstor y Cristina Kirchner.

Centeno confesó ante un fiscal. La Ley indica que será condenado si lo que declaró no logra probarse. Su ex esposa confirmó a la Justicia bajo juramento que sabía que su ex marido llevaba millones de dólares en efectivo que recolectaba su jefe Baratta a la Quinta de Olivos, la Casa Rosada, el ministerio de De Vido. La Justicia tiene copia de los cuadernos del remisero escribidor. También los vio, los escaneó y chequeó lo que allí se decía el periodista de La Nación, Diego Cabot, y así también lo declaró bajo juramento ante la Justicia. A ellos se sumaron otros testimonios que coinciden con los anteriores, como el de un amigo del remisero que supo de esos textos que quemaban.

¿Donde están los cuadernos? La Justicia tiene copias y acreditó con pruebas de formatos variables la existencia de los hechos que contó Centeno. Ya no importa si él escribió a mano alzada sus aventuras financieras, delictivas, con Baratta. Eran palabras escritas por él. Ahora son palabras que él le dijo a un fiscal federal, que complican su situación procesal, y que se leen desde el jueves en un expediente judicial.