
Casi cinco meses después del crimen, la Justicia española autorizó la cremación del cuerpo de Gabriel Cruz, el nene de ocho años asesinado por su madrastra.
El titular del Juzgado de
Instrucción número 5 de Almería, Rafael Soriano, autorizó la cremación a pedido de los padres del chico, quien según la investigación judicial y la propia confesión de la acusada, fue asesinado por Ana Julia Quezada el 27 de febrero. Quezada era la pareja del padre del nene, que estuvo desaparecido 13 días hasta que su cadáver fue hallado.
Fuentes judiciales confirmaron que el magistrado autorizó la incineración del cuerpo del pequeño mediante un auto dictado el 12 de julio, después de que ninguna de las partes se opusiera a la petición de Patricia Ramírez y Angel Cruz, los padres del menor, quienes dieron sepultura a sus restos en un cementerio en marzo.
Dolor. Los padres del nene, en su entierro en marzo (EFE)
El juez dio 15 días a las partes para que respondieran a este pedido a partir de la notificación del auto de levantamiento parcial del secreto de sumario, dictado el pasado 19 de junio. En esta línea, las mismas fuentes indicaron que el juez mantiene bajo secreto sumarial algunos folios a la espera de recibir determinados informes policiales, por lo que la instrucción finalizará “en breve”.
La madrastra que mató al hijo de su pareja escribió una carta para pedir perdón a la madre
El magistrado prohibió la cremación del cuerpo del niño el pasado 13 de marzo y autorizó únicamente su entierro ante la posibilidad de que fuera preciso practicar nuevas pruebas o proceder a una segunda autopsia, si bien ya contaba con los informes que determinaron cómo había fallecido el pequeño.
Gabriel el nene asesinado por su madrastra (AFP)
Fue en ese mismo día que la autora confesa del crimen, Ana Julia Quezada, declaró por primera vez durante más de hora y media ante los agentes de la Guardia Civil tras su detención en la Puebla de Vícar dos días antes, cuando transportaba el cuerpo sin vida y semidesnudo del menor en el baúl de su vehículo a más de 75 kilómetros de Las Hortichuelas de Níjar.
En su última declaración ante la autoridad judicial, Quezada no llegó a responder a las preguntas formuladas por el magistrado para salvaguardar su “derecho de defensa” en cuanto en tanto pesaba aún el secreto sobre las diligencias judiciales.
Entre las diligencias practicadas se encuentran los informes periciales en relación a la autopsia, las escuchas policiales, los informes toxicológicos y otras pruebas encaminadas a esclarecer el crimen por el que la única acusada se encuentra investigada por asesinato, detención ilegal y un delito contra la integridad moral.
La versión de la madrastra
Quezada había nacido en Santo Domingo y tenía dos hijas: una de ellas murió cuando también era pequeña. Estaba en pareja con Angel, el papá de Gabriel, desde hacia un año y tres meses y convivía con él desde septiembre de 2017. Según contó la mujer en su declaración a la Guardia Civil, el nene iba a la casa cada 15 días y la relación con él era “buena”.
Angel, el padre de Gabriel, convivía con su asesina (EFE)
Según ese relato, el 27 de febrero la madrastra se encontraba con Gabriel en la casa de la abuela de él y que después de comer, sobre las 15.35, el pequeño dijo que iba a salir para jugar con unos amigos. Según Quezada, la abuela del chico le dijo que esperase un poco porque era “muy pronto”, pero que aproximadamente cinco minutos después el nene abandonó la vivienda para irse a casa de sus primos, tras lo que ella agarró una Coca Cola y se subió en su vehículo para ir a pintar la puerta de una casa de Angel en Rodalquilar, en Níjar.
Quezada sostuvo ante la Guardia Civil que al tomar el camino de salida a la vivienda de la abuela de Gabriel encontró al nene “jugando con un palito” y le preguntó qué hacía allí. El pequeño le respondió que era “muy pronto para ir donde Rosita y que estaba haciendo un poco de tiempo”.
La mujer relató que entonces le dijo que subiese al vehículo y que la acompañase a Rodalquilar y que después lo acercaría nuevamente a Las Hortichuelas Bajas para que pudiera jugar.
Según su relato, llegaron hasta la casa de Rodalquilar, estacionaron, Gabriel bajó del automóvil y comenzó a jugar fuera de la casa mientras ella desconectaba la alarma del lugar y abría las ventanas para ventilar porque “olía a pintura”.
Entonces —siguió su relato— vio al menor tomar un hacha del jardín. Ella le dijo que la dejase porque podía hacerse daño; entonces Gabriel, tras entrar a la casa, le dijo que se callara, que “siempre tenía que decirle lo que tenía que hacer”. También, relató Quezada, el chico le dijo que ella era una “negra fea” y que se “fuera a Santo Domingo”.
Ana Julia y Angel, en la búsqueda del chico. La mujer ya lo había matado (EFE)
Añadió que forcejeó con el chico para quitarle el hacha, “taponándole la boca a la vez para que se callara y no la insultara, que le apretó la boca y la nariz” y que no quería “hacerle daño a Gabriel ni a nadie”. Pero en seguida se dio cuenta de que el nene ya no respiraba.
Dijo que entonces se asustó muchísimo, se bloqueó y no sabía qué hacer; que se quedó fumando sin saber qué hacer porque le había hecho daño al niño y a Ángel, hasta que lo enterró en una zona próxima a la piscina, lugar en el que antes había hecho un agujero. Lo tapó con piedras y tierra. Contó además que había desnudado el cuerpo del chico y que había tirado su ropa en un contenedor de Retamar, en Almería.
“Todos somos Gabriel”. La madrastra, con una remera con la foto del chico muerto (EFE)
Pero Quezada no dijo nada a su pareja de lo que había sucedido. Angel y la mamá de Gabriel comenzaron a buscarlo desesperadamente, en una búsqueda que se extendió casi dos semanas y movilizó a todo el país. La propia madrastra participó activamente de las marchas reclamando la aparición de Gabriel. Pero era ella misma quien lo había matado.
Fuente: Europa Press y La Vanguardia