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La cocina de Dante Caputo y la trastienda del “Pacto de Olivos”

Redacción TN by Redacción TN
21 junio, 2018
in Politica
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Dante Caputo lo supo poco después. El 4 de noviembre de 1993, mientras estaba en Chipre, había prestado la mesa de su cocina a un grupo reducido de los hombres más

poderosos de la Argentina, incluido el Presidente, para que acordaran cómo asegurarían el reparto del poder en el futuro inmediato. El “Pacto de Olivos” nació en la que casa que el ex canciller de Raúl Alfonsín había vivido hasta morir el miércoles pasado, 20 de junio. Una casa de arquitectura irregular, con desniveles en su interior, con varios ambientes, en alguno de los cuales Caputo estudió y escribió tanto sobre consensos y conciliaciones. Este chalet sobrio, colmado de libros, se yergue frente a la residencia presidencial de Olivos.

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El “Pacto” que empezó a negociarse en la mesa de Caputo, y que se oficializó días después, terminó en 1994 con la reforma que más cambios institucionales trajo a la Constitución Nacional de 1853.

Uno de ellos fue radical: acortó de seis a cuatro años la duración de la gestión de cada Presidente. Con la posibilidad, completado ese mandato, de presentarse como candidatos por una reelección. Se eliminó el Colegio Electoral. Se institucionalizó el balotaje para dirimir en una segunda vuelta electoral quién sería el Presidente entre los dos candidatos más votados en la primera. También se fijó con qué mayoría de sufragios el un candidato podía quedarse con la Presidencia sin necesidad de ir a una segunda contra su rival inmediato inferior. Se convocó a elecciones para una Convención Constituyente, que sesionó en la provincia de Santa Fe. Los convencionales elegidos crearon también el organismo que regula y puede enjuiciar y castigar a los jueces, el Consejo de la Magistratura.

El canciller Dante Caputo expone ante el Congreso de la Nación, junto a Jorge Sabato (izq.) y Raúl Alconada Sempé (der.)

El canciller Dante Caputo expone ante el Congreso de la Nación, junto a Jorge Sabato (izq.) y Raúl Alconada Sempé (der.)

A los dos senadores que la Constitución fijaba para representar a cada provincia en el Senado, se añadió un “tercero”: dos para el partido más votado, el tercero para el partido que le sigue en el número de votos.

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Fue la cúpula de la UCR de entonces, en los hechos al mando de Raúl Alfonsín y de su ex ministro del Interior, Enrique ‘Coti’ Nosiglia, junto con el titular del Comité Nacional del radicalismo, Mario Losada, quienes le pidieron prestada la casa a la esposa del ex canciller, Anne Morel.

Esposa de un diplomático con una carrera de excelencia en el país y en el extranjero, supo guardar el secreto, incluso a su marido.

Por pocas horas, pero horas cruciales al fin.

El Presidente Carlos Menem, el sindicalista Luis Barrionuevo; el secretario general de la Presidencia, Eduardo Bauzá y el vicepresidente, Eduardo Duhalde, desayunarían en forma totalmente clandestina en la mesa de los Caputo, a las ocho de la mañana del 4 de junio de 1993, junto a Alfonsín, Nosiglia y Losada.

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El “Pacto de Olivos” no se llama así por la Quinta en la que residen los Presidentes argentinos durante su mandato.

Sino porque ésa es la localidad donde Menem y Alfonsín arreglaron por primera vez, cara a cara, que la UCR aceptaba reformar la Constitución Nacional.

Menem quería la reelección.

Alfonsín, que la UCR volviera al poder tras la presidencia del riojano.

Los dos objetivos fueron alcanzados. La operación llevaba seis meses de negociaciones secretas.

Firma del Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile, donde Dante Caputo se encuentra junto a Juan Pablo II. (AGN)

Firma del Tratado de Paz y Amistad entre Argentina y Chile. Dante Caputo con Juan Pablo II. (AGN)

Barrionuevo y Nosiglia, viejos amigos desde que se conocieron en la calle “luchando contra la dictadura”, pero afiliados a partidos enfrentados, el PJ y la UCR, fueron los “operadores” totalmente sigilosos del “Pacto de Olivos”.

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El sindicalista habló por primera vez del tema con Menem seis meses antes de que desayunaran con el ex presidente en la casa de Caputo.

El único asesor del riojano que estaba al tanto de lo que empezaba a gestarse era Miguel Ángel Vicco.

Ni siquiera lo conocía en sus detalles alguien tan fiel a Menem como Ramón Hernández.

Barrionuevo logró informarle a Menem sobre el posible éxito de las negociaciones con los radicales por el Pacto cuando gracias a su picardía, y a pesar del “cerco” que los secretarios presidenciales imponían sobre el paradero de su Jefe, lo encontró en el paddock del Hipódromo de Palermo. El sindicalista se coló, le susurró al Presidente lo que tenía para contarle, hasta que lo echaron de ahí porque vestía jeans.

La operación estaba en marcha.

Medio año después, los radicales estaban listos para hablar cara a cara sobre el tema con el Presidente y con quienes él dispusiera.

El 3 de noviembre se les ocurrió que podían pedirle prestada la casa a Caputo. El ex canciller, como se dijo, no estaba en el país.

La operación primaria del “Pacto de Olivos” se haría igual.

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Esa primera gestión se concretó en doce horas.

Otra vez Barrionuevo tuvo que pelear para llegar hasta Menem. Esta vez no iba a haber caballos.

El 3 de noviembre, casi a medianoche, el sindicalista supo que el Presidente jugaba póker con el ex productor de televisión Gerardo Sofovich y con el ex DT de la Selección Nacional, Alfio “Coco” Basile, en la quinta presidencial de Olivos. Enfrente de la casa de los Caputo.

Caputo con Alfonsín en 1983.

Caputo con Alfonsín en 1983.

Barrionuevo tuvo que imponerse frente a los secretarios privados del Presidente para que lo interrumpieran en esas partidas nocturnas de barajas francesas.

Menem entendió.

El gremialista fue sintético.

Solo frente al riojano, debajo de la galería del chalet presidencial, frente al espejo de agua que se destaca en esos jardines todavía magníficos, le dijo apenas esto: “A las ocho de la mañana tenés segura la reelección. Alfonsín y el Coti nos esperan en la casa de Caputo”.

Menem volvió al póker.

Pero ordenó que les avisaran al vicepresidente Eduardo Duhalde y a Bauzá que él los esperaba en Olivos a las siete y media del día siguiente.

Con ellos llegó a la casa de Dante Caputo.

La mesa de la cocina donde se “cocinó” la reforma de la Constitución está ubicada a la derecha de la entrada de ese hogar que hoy extraña a su dueño.

Duhalde no tenía la menor idea del “Pacto de Olivos” que le abriría la posibilidad a Menem de ser reelecto. Con lo que el vicepresidente debería esperar un período más antes de presentarse como candidato presidencial en elecciones que pudieran llevarlo a la Casa Rosada. Esperó, perdió en 1999 contra la Alianza que llevaba como candidato al radical Fernando de la Rúa.

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Alfonsín pensaba en cambiar el modo de Gobierno: intentó imponer una figura que en principio llamó “primer ministro”, y que luego se llamaría en la nueva Constitución “Jefe de Gabinete” para que la gestión del Ejecutivo sea menos “presidencialista”. El ex mandatario creía que la Argentina debía girar hacia un régimen “parlamentario”.

Menem, en la casa del ex Canciller, fue crítico de ese plan. Pero aceptó incorporar al jefe de los ministros.

Cuando los peronistas llegaron al hogar de los Caputo, los radicales ya estaban allí.

La esposa de Caputo, Morel, les preparó mate y les dejó facturas sobre la mesa en la que almorzaba o cenaba con su marido. Y se fue. Sabía que lo que se hablaría allí era relevante.

La primicia sobre el “Pacto de Olivos” la difundió el periodista Carlos Pagni en el diario Ámbito Financiero, el 8 de noviembre de 1993. Muchos de los detalles que se cuentan en este artículo habían sido relevados por Pagni en su nota, que tituló “Hacer la historia a mate”.

Aquella mañana, ante los radicales que eran los anfitriones estratégicos, Barrionuevo dijo que estaban allí para empezar a hablar de “la operación política del siglo”.

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Buena parte de la Historia de la Política Nacional reciente brotó del “Pacto de Olivos” cocinado en esa casa de un hombre que ya no está.

Dante Mario Antonio Caputo había nacido el 25 de noviembre de 1943. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad privada de El Salvador. Hizo un posgrado de Relaciones Internacionales en la Fletcher School of Law and Diplomacy, de Boston, Estados Unidos.

Se doctoró en la Universidad parisina de La Sorbona, en Francia, defendiendo ante un jurado de notables, el sociólogo Alain Touraine y el economista Celso Furtado, su tesis, que había dirigido el gran latinoamericanista François Bourricaud. Ese trabajo académico fue uno en una serie de búsquedas intelectuales para entender qué le sucedió a nuestro país, cómo se hacían y deshacían alianzas y acuerdos políticos.

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Su título, Estado y alianzas políticas en Argentina 1930-1958.

Sillas, una mesa de por medio, y argumentos con un interlocutor.

Caputo fabricó con esos elementos, en principio inocuos, consensos, nacionales y aun internacionales. Después de usar palabras e inteligencia, concretó algunos logros que hoy pueden palparse de forma menos inasible en la democracia que él defendió y ayudó a poner en una marcha. Y que desde entonces nunca se ha interrumpido.

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