
anunció este lunes la Casa Blanca.

“Estamos preparando activamente en las cumbre del 12 de junio entre el presidente y el líder norcoreano”, dijo a periodistas al anunciar la hora del encuentro, las 9 de la mañana de Singapur (las 21 del próximo lunes 11 en Argentina). Sanders dijo que un “equipo de avanzada” de la Casa Blanca -que incluye personal militar, de seguridad, técnico y médico- ya se encuentra en la ciudad-estado del sureste asiático. Agregó que Trump está recibiendo informes diarios de Corea del Norte de cara a la histórica reunión.
Expertos han manifestado su preocupación por considerar que, pese a que Trump asegura ser el mejor negociador del mundo, conoce poco o nada sobre Corea del Norte, de control de armas o de diplomacia internacional.
Se espera que el encuentro, que ha experimentado idas y venidas y alternado cancelaciones con ratificaciones, se centre en esfuerzos de Estados Unidos para lograr que Corea del Norte abandone su programa nuclear militar.

Se cree que el opresivo régimen comunista ha desarrollado una cabeza nuclear en miniatura que puede ser adosada a misiles cuyo desarrollo está cada vez más cerca de lograr que alcancen el territorio de Estados Unidos.
El gobierno de Trump, como el de sus predecesores, ha dicho que esto es inaceptable y ha exigido a Corea del Norte que inicie un proceso de desnuclearización completa y verificable.

Sin embargo, Trump dijo que no habrá más sanciones mientras duren las conversaciones, aunque la Casa Blanca ha tenido que salir al cruce de especulaciones de que se levantarían las penalidades económicas vigentes.
A días de la cumbre, aún no está claro si Corea del Norte está dispuesta a dar ese paso o si está usando la promesa de conversaciones como forma de desactivar la campaña de “máxima presión” lanzada por Trump.
En el pasado, Corea del Norte dijo que no renunciará a sus armas nucleares sin una garantía de no agresión de Estados Unidos.

En otras ocasiones, exigió la retirada de los 28.500 soldados que Estados Unidos tiene desplegados en Corea del Sur desde el fin de la Guerra de Corea (1950-1953), algo que fue siempre rechazado de plano por Washington y Seúl.
También reclamó, con idéntica suerte, que Estados Unidos renuncie a su garantía de seguridad de un “paraguas nuclear” para proteger a Japón y Corea del Sur.